Hay expresiones que utilizamos tantas veces que dejamos de preguntarnos de dónde vienen. Decimos que alguien «se mantiene en sus trece» cuando no cambia de opinión, cuando se aferra a una decisión o cuando, pese a las presiones y los argumentos de los demás, continúa defendiendo su postura.
Pero ¿por qué precisamente «trece»?
La respuesta nos lleva más de seis siglos atrás, hasta uno de los episodios más turbulentos de la historia de la Iglesia medieval. Y, de manera especialmente interesante para quienes vivimos o conocemos Peñíscola, nos lleva directamente hasta las murallas de la ciudad y hasta la figura de Pedro Martínez de Luna, Benedicto XIII, el célebre Papa Luna.
La tradición histórica ha relacionado la expresión «mantenerse en sus trece» con la obstinada defensa que hizo Benedicto XIII de su legitimidad como pontífice durante el Cisma de Occidente. Una historia de papas enfrentados, guerras, negociaciones, renuncias, intrigas políticas y, finalmente, una fortaleza frente al Mediterráneo desde la que Pedro de Luna continuó defendiendo hasta su muerte que él era el verdadero papa.
Y ese lugar era Peñíscola.
¿Qué significa realmente «mantenerse en sus trece»?
Antes de viajar hasta la Edad Media conviene entender qué significa exactamente la expresión.
«Mantenerse en sus trece», «estar en sus trece» o «seguir en sus trece» se utiliza para describir a una persona que persiste firmemente en una opinión, decisión o actitud y se niega a cambiar de postura.
Puede utilizarse tanto de manera negativa, para hablar de alguien obstinado o terco, como en un sentido más neutral para describir a una persona que permanece firme en sus convicciones.
El Centro Virtual Cervantes recoge precisamente este significado: persistir con pertinacia en algo o mantener una opinión a todo trance.
La pregunta realmente interesante llega después:
¿De dónde salió ese número trece?
La historia nos lleva hasta el Papa Luna
Para entender la explicación más conocida tenemos que situarnos a finales del siglo XIV, en uno de los periodos más complejos de la historia de la Iglesia: el llamado Cisma de Occidente.
Durante décadas existió una profunda división en torno a quién debía ocupar legítimamente la sede pontificia. El conflicto llegó a provocar una situación extraordinaria en la que coexistieron diferentes obediencias y distintos pontífices respaldados por diferentes territorios y poderes políticos.
En este contexto apareció Pedro Martínez de Luna, miembro de una poderosa familia aragonesa, jurista y cardenal, que acabaría siendo elegido pontífice de la obediencia de Aviñón en 1394 con el nombre de Benedicto XIII.
Pasaría a la historia como el Papa Luna.
Su posición fue extremadamente complicada.
Mientras buena parte de Europa buscaba una solución que permitiera terminar con la división, Benedicto XIII mantuvo hasta el final su convencimiento de que su elección era legítima y que él era el verdadero pontífice.
Y aquí aparece la conexión con el famoso «trece».
Benedicto XIII se negó a renunciar
La característica que más ha quedado asociada a la figura del Papa Luna es precisamente su extraordinaria resistencia a abandonar sus pretensiones.
Las circunstancias políticas fueron cambiando. Los apoyos que había recibido fueron desapareciendo progresivamente y los intentos de solucionar el Cisma de Occidente mediante acuerdos y renuncias no consiguieron convencerle de abandonar su posición.
El Concilio de Constanza, iniciado en 1414, terminó impulsando una solución al conflicto y Benedicto XIII quedó cada vez más aislado.
Pero no renunció.
Y aquí es donde la tradición popular sitúa el origen de la expresión.
Benedicto XIII seguía siendo, para sus partidarios y para sí mismo, Benedicto XIII.
Es decir, se mantenía en su «XIII».
De ahí habría surgido la idea de que aquel hombre que se negaba a abandonar su posición «se mantenía en sus trece».
La explicación aparece recogida en numerosas fuentes históricas y divulgativas, que relacionan directamente la expresión con la resistencia del Papa Luna.
Y entonces aparece Peñíscola
La historia se vuelve todavía más interesante cuando llegamos a Peñíscola.
Después de perder buena parte de sus apoyos, Benedicto XIII acabó estableciendo su residencia en la fortaleza de Peñíscola.
En 1411 trasladó allí su corte y convirtió el antiguo castillo templario en su residencia y sede pontificia.
Aquella fortaleza levantada sobre el peñón mediterráneo se convirtió así en el último gran escenario de la historia del Papa Luna.
Si quieres conocer con más detalle cómo llegó Pedro de Luna hasta Peñíscola y por qué convirtió la fortaleza en su sede, puedes consultar nuestro artículo El Papa Luna: quién fue y por qué vivió en el Castillo de Peñíscola.
También puedes descubrir cómo evolucionó la ciudad a través de nuestra Historia de Peñíscola, donde puedes recorrer cronológicamente algunos de los episodios más importantes de la ciudad.
El castillo donde el Papa Luna mantuvo su posición
Hoy resulta difícil imaginar la trascendencia política y religiosa que tuvo aquella fortaleza.
Cuando contemplamos el Castillo de Peñíscola desde la playa o recorremos las calles del casco antiguo, vemos uno de los monumentos más reconocibles de la ciudad.
Pero durante los primeros años del siglo XV aquel lugar era mucho más que una fortaleza.
Era una sede pontificia.
Benedicto XIII convirtió el castillo en residencia, centro político, espacio de estudio y sede de su corte. Desde allí continuó defendiendo su legitimidad mientras la situación europea se volvía cada vez más desfavorable para su causa.
El propio conjunto monumental conserva todavía la huella de aquella etapa.
El Castillo del Papa Luna fue construido originalmente por la Orden del Temple entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV sobre una fortificación anterior. Siglos después, aquella misma fortaleza se convertiría en la residencia del pontífice aragonés.
Es una de las razones por las que la historia de Peñíscola resulta tan singular: en un mismo lugar se cruzan las huellas de los musulmanes, los templarios, la Orden de Montesa y el Papa Luna.
El Papa Luna murió sin renunciar
La resistencia de Benedicto XIII no terminó con su llegada a Peñíscola.
Continuó defendiendo su legitimidad hasta el final.
Pedro Martínez de Luna murió en Peñíscola el 23 de mayo de 1423, convencido de que seguía siendo el legítimo pontífice.
Su muerte tampoco puso inmediatamente punto final a la llamada obediencia de Peñíscola.
Sus cardenales eligieron posteriormente a Gil Sánchez Muñoz, que adoptó el nombre de Clemente VIII. La sede pontificia de Peñíscola continuó durante algunos años más hasta que, en 1429, Clemente VIII renunció y reconoció al pontífice de Roma.
Por tanto, la historia que hay detrás de «mantenerse en sus trece» no termina simplemente con la muerte del Papa Luna.
La propia Peñíscola continuó siendo durante unos años un escenario de aquella compleja disputa.
¿Es realmente seguro que la expresión nació por el Papa Luna?
Aquí conviene hacer una precisión importante.
Aunque la explicación vinculada a Benedicto XIII está profundamente arraigada y aparece en numerosas fuentes, no existe unanimidad absoluta sobre el origen de la expresión.
El Centro Virtual Cervantes explica que existen diferentes interpretaciones. Una de ellas relaciona «mantenerse en sus trece» con la obstinación del Papa Luna durante el Cisma de Occidente. Otra teoría apunta a un antiguo juego de cartas en el que alcanzar trece puntos podía llevar al jugador a plantarse para evitar pasarse del límite.
También se han propuesto otras interpretaciones relacionadas con juegos de palabras y determinados contextos históricos.
Por eso, desde el punto de vista histórico, lo más prudente es hablar de la teoría más conocida y tradicionalmente asociada al Papa Luna, en lugar de afirmar que está demostrado de manera definitiva que Benedicto XIII inventó la expresión.
Pero incluso con esa cautela, la conexión resulta extraordinariamente sugerente.
Porque pocas expresiones del castellano pueden relacionarse de una manera tan directa con un personaje y un lugar concreto.
«Mantenerse en sus trece» y Peñíscola
La expresión tiene hoy un significado completamente cotidiano.
Podemos utilizarla hablando de alguien que no quiere cambiar de opinión, de una persona que insiste en hacer las cosas a su manera o incluso de alguien que, pese a todas las evidencias, continúa defendiendo una determinada postura.
Pero detrás de esas tres palabras puede esconderse una historia de más de seis siglos.
Una historia que atraviesa Aragón, Aviñón, Roma y el Cisma de Occidente.
Y que termina en una pequeña ciudad mediterránea.
Peñíscola.
Aquí, sobre la misma roca que hoy recibe cada verano a miles de visitantes, Pedro Martínez de Luna pasó sus últimos años defendiendo aquello que había defendido durante décadas.
Su nombre papal era Benedicto XIII.
Y, según la explicación histórica más extendida, aquella negativa a abandonar su posición terminó convirtiéndose en una expresión que todavía utilizamos en pleno siglo XXI:
«Mantenerse en sus trece».
Una expresión que todavía forma parte de la historia de Peñíscola
Quizá esa sea una de las cosas más fascinantes de conocer la historia de una ciudad.
No se trata únicamente de saber cuándo se construyó un castillo, quién levantó unas murallas o qué personajes importantes pasaron por sus calles.
A veces la historia permanece escondida en algo tan cotidiano como una frase.
Decimos «se mantiene en sus trece» sin pensar demasiado en el significado de esas palabras.
Pero cada vez que lo hacemos estamos utilizando una expresión que la tradición ha relacionado con uno de los personajes más importantes que vivieron en Peñíscola.
Un hombre que se negó a renunciar.
Un pontífice que convirtió una fortaleza mediterránea en su última sede.
Y una ciudad que terminó quedando ligada para siempre a su nombre.
Porque quizá la mejor manera de entender la expresión sea mirar hacia lo alto del peñón y recordar al hombre que, durante años, se mantuvo en su XIII.
¿Quieres conocer más historias del Papa Luna?
La historia de Benedicto XIII es solo una pequeña parte del enorme patrimonio histórico de Peñíscola. En InfoPeniscola.com puedes descubrir más sobre la ciudad, sus monumentos y sus personajes históricos.
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- Historia de Peñíscola: del peñón fortificado a la ciudad del Papa Luna
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Porque cuando recorres las calles de Peñíscola, algunas historias no están escritas únicamente en los libros.
También están grabadas en la piedra.