La nueva Orden de Montesa asumió en 1319 el control de Peñíscola y de buena parte de los antiguos dominios templarios valencianos.
Después de la desaparición del Temple
La persecución y disolución de la Orden del Temple dejó sin un propietario estable numerosos bienes en la Corona de Aragón. Para administrar los dominios templarios del Reino de Valencia se creó la Orden de Santa María de Montesa, aprobada por el papa Juan XXII en 1317.
En 1319, Montesa comenzó a gobernar Peñíscola. La ciudad y su castillo entraron en una etapa de continuidad militar, pero bajo una institución nueva y estrechamente vinculada a la Corona.
Una época de prosperidad y conflictos territoriales
La documentación municipal presenta este periodo como una fase de prosperidad. Al mismo tiempo, surgieron disputas con núcleos dependientes como Benicarló y Vinaròs, que reclamaban una mayor autonomía respecto a Peñíscola.
La Orden de Montesa mantuvo su relación con la fortaleza hasta que el Cisma de Occidente alteró el equilibrio. Benedicto XIII separó el castillo de sus posesiones y lo convirtió en sede de su corte pontificia, abriendo uno de los capítulos más conocidos de la historia local.
Qué queda hoy de esta historia
La etapa de Montesa enlaza el final de los templarios con la llegada posterior del Papa Luna y explica la continuidad del poder militar sobre el castillo y su territorio.
Lugar relacionado
Castillo del Papa Luna
Plaza de armas