La recuperación de Peñíscola por Fernando el Católico reforzó el control real sobre una plaza estratégica del Mediterráneo.
El castillo después del Cisma
Tras el final de la sede pontificia, la posesión del castillo volvió a ser objeto de reclamaciones. La Orden de Montesa recuperó la fortaleza en 1441 después de pagar una importante compensación económica.
La situación cambió de nuevo en 1488. Fernando el Católico decidió reincorporar el castillo y la plaza de Peñíscola al patrimonio de la Corona, restituyendo a Montesa la cantidad que había abonado.
Una plaza estratégica bajo control real
El retorno a la Corona tuvo una clara dimensión militar y política. Peñíscola dominaba un tramo importante de costa y contaba con una fortaleza capaz de proteger rutas marítimas y controlar el territorio próximo.
Durante el siglo siguiente, esta condición real facilitaría nuevos proyectos defensivos. Carlos I planteó reforzar la plaza y Felipe II impulsó las murallas renacentistas diseñadas por Juan Bautista Antonelli. El episodio de 1488 sirve así de puente entre la Peñíscola medieval y la gran fortificación de la Edad Moderna.
Qué queda hoy de esta historia
El retorno a la Corona preparó el camino para las grandes reformas defensivas de la Edad Moderna y para la integración de Peñíscola en la red de fortalezas reales.
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