La Orden del Temple construyó el castillo de Peñíscola entre 1294 y 1307 sobre restos de la fortaleza andalusí. Su arquitectura sobria, sus bóvedas y su posición dominante todavía definen la silueta de la ciudad.
La llegada de la Orden del Temple
En 1294, la Orden del Temple obtuvo Peñíscola y otros enclaves mediante un acuerdo con Jaime II de Aragón. El gran maestre provincial Berenguer de Cardona y el comendador de Peñíscola, Arnaldo de Banyuls, quedaron ligados a una obra que transformaría para siempre el perfil del peñón.
Los templarios aprovecharon la posición y parte de las estructuras de la antigua alcazaba musulmana. Entre 1294 y 1307 levantaron una fortaleza compacta, construida con piedra labrada y pensada para resistir. Sus espacios interiores se cubrieron en gran parte con bóvedas de cañón y el conjunto evitó una decoración excesiva: predominan la función militar, la solidez y una clara organización medieval.
Las huellas de sus promotores
La puerta de acceso conserva una composición heráldica que ayuda a identificar a quienes promovieron la construcción. La cruz recuerda a la Orden del Temple; los cardos se asocian con Berenguer de Cardona, y las bandas con Arnaldo de Banyuls. Son detalles pequeños frente a la escala de la fortaleza, pero convierten la piedra en un documento histórico.
En 1307 comenzó la persecución de los templarios y Peñíscola regresó al dominio de la Corona. Tras la disolución de la orden, sus bienes en el Reino de Valencia pasaron a la nueva Orden de Montesa, que gobernó la ciudad desde 1319.
Una fortaleza preparada para otra historia
La etapa templaria fue breve, pero dejó el edificio esencial que más tarde transformaría Benedicto XIII. El castillo que hoy visita el público es resultado de diferentes momentos, aunque su núcleo medieval mantiene el carácter de aquella construcción iniciada a finales del siglo XIII. Sin los templarios no se entendería la posterior elección de Peñíscola como residencia pontificia.
Qué queda hoy de esta historia
El castillo conserva la austeridad defensiva propia de la arquitectura templaria. La heráldica de su acceso recuerda a la Orden del Temple, al maestre Berenguer de Cardona y al comendador Arnaldo de Banyuls.
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