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Blog Papa Luna con sus bulas ante la Universidad de Salamanca

De Peñíscola a Salamanca: el legado del Papa Luna

Peñíscola 14 de agosto de 2026 12 minutos de lectura

Cuando se habla del Papa Luna en Peñíscola, la imagen que suele venir a la mente es la de Benedicto XIII refugiado tras las murallas del castillo, defendiendo hasta sus últimos días su legitimidad pontificia. Sin embargo, desde aquella fortaleza mediterránea Pedro de Luna no permaneció aislado del resto de Europa. Continuó gobernando, escribiendo, concediendo privilegios y tomando decisiones que llegaron a instituciones situadas a cientos e incluso miles de kilómetros.

Una de ellas fue la Universidad de Salamanca.

La relación entre Benedicto XIII y Salamanca fue mucho más profunda de lo que puede parecer. El Papa Luna intervino en la organización de la universidad, reguló su funcionamiento, reforzó determinadas disciplinas, impulsó la construcción de espacios docentes y dictó desde Peñíscola varias bulas relacionadas directamente con el Estudio salmantino. La propia Universidad de Salamanca considera actualmente que Benedicto XIII desempeñó un papel clave en su desarrollo entre finales del siglo XIV y comienzos del XV.

La conexión permite descubrir otra dimensión del pontífice que vivió en Peñíscola: la de jurista, legislador y protector de la cultura universitaria medieval.

El Papa Luna no fundó Salamanca, pero ayudó a transformarla

Conviene comenzar aclarando una cuestión.

Benedicto XIII no fue el fundador de la Universidad de Salamanca.

El Estudio salmantino había nacido casi dos siglos antes. Su fundación se sitúa en 1218, durante el reinado de Alfonso IX de León, y posteriormente recibió diferentes privilegios reales y pontificios que contribuyeron a consolidarlo como una de las grandes instituciones académicas medievales.

Cuando Pedro de Luna entró en contacto con Salamanca, por tanto, la universidad ya existía.

Su importancia radica en otra cuestión: contribuyó decisivamente a reorganizarla y fortalecerla en uno de los momentos fundamentales de su evolución medieval.

De hecho, su relación con Salamanca había comenzado mucho antes de que el castillo de Peñíscola se convirtiese en sede pontificia.

Pedro de Luna llegó a Salamanca en 1381

Hay que retroceder hasta 1381.

Pedro de Luna todavía no era Benedicto XIII. Era cardenal y actuaba como legado pontificio de Clemente VII dentro de la obediencia de Aviñón.

En aquel contexto ejerció como visitador del Estudio salmantino y promulgó unas constituciones destinadas a organizar la institución. Aquellas primeras disposiciones no se han conservado, aunque los investigadores consideran probable que algunas de sus ideas reaparecieran posteriormente en las constituciones que redactaría siendo ya pontífice.

Fue el comienzo de una relación que terminaría prolongándose durante décadas.

Pedro de Luna conocía, por tanto, los problemas de Salamanca mucho antes de instalarse en Peñíscola.

Y cuando años después tuvo autoridad pontificia para intervenir directamente sobre ellos, lo hizo.

1411: Peñíscola entra en la historia de la Universidad de Salamanca

La fecha clave para entender esta conexión es el 26 de julio de 1411.

Ese día Benedicto XIII promulgó desde Peñíscola unas nuevas constituciones para la Universidad de Salamanca.

No se trata de una tradición posterior ni de una vinculación simbólica. La documentación conservada por la Universidad de Salamanca identifica expresamente:

«Bula del papa Benedicto XIII por la que se otorgan constituciones al Estudio de Salamanca, Peñíscola, 26 de julio de 1411».

Son, además, las constituciones medievales más antiguas conservadas de la universidad anteriores a las de Martín V de 1422.

El dato resulta especialmente significativo para Peñíscola.

Mientras el Papa Luna instalaba su sede pontificia en el antiguo castillo templario —algo que hizo precisamente en 1411— desde aquella misma ciudad estaba participando en la reorganización de una de las universidades más importantes de la Europa medieval.

Peñíscola no era únicamente su refugio.

Durante aquellos años funcionaba como un verdadero centro desde el que se expedían decisiones con consecuencias políticas, religiosas y académicas fuera de la Corona de Aragón.

Un ambicioso proyecto para transformar la universidad

Las constituciones de 1411 fueron mucho más que un documento ceremonial.

Regulaban aspectos esenciales del funcionamiento universitario: la organización académica, las responsabilidades de profesores y estudiantes, los salarios, los cursos, la autoridad universitaria y el empleo de los recursos económicos.

Pero entre sus disposiciones aparece una especialmente interesante.

Benedicto XIII estableció que, una vez atendidos determinados salarios, los recursos disponibles debían destinarse prioritariamente a la construcción de edificios destinados a la enseñanza.

La normativa contemplaba espacios para juristas, teólogos, médicos y filósofos. También preveía que posteriormente se emplearan fondos en la compra de libros necesarios para las diferentes facultades.

La universidad empezaba así a adquirir algo esencial:

un espacio físico propio adecuado a su creciente importancia.

El Papa Luna y las Escuelas Mayores de Salamanca

Esta política está relacionada con uno de los lugares actualmente más emblemáticos de Salamanca: las Escuelas Mayores de la Universidad.

Las disposiciones impulsadas por Benedicto XIII favorecieron la construcción del nuevo edificio universitario. Las investigaciones sobre la historia institucional de Salamanca señalan precisamente que el cumplimiento de sus ordenanzas promovió la construcción de las nuevas instalaciones.

Existe incluso documentación que indica que hacia 1420 el edificio de las Escuelas ya estaba construido.

Esto requiere, sin embargo, una precisión importante.

La espectacular fachada plateresca que hoy identifica universalmente a la Universidad de Salamanca es posterior, realizada durante el siglo XVI.

Por tanto, no debemos imaginar al Papa Luna contemplando exactamente el edificio que actualmente fotografían miles de visitantes.

Su intervención pertenece a una fase anterior y más profunda: la consolidación del espacio universitario medieval sobre el que continuaría desarrollándose posteriormente el complejo monumental.

Una universidad con aulas, profesores… y libros

Otro aspecto especialmente interesante de las disposiciones del Papa Luna es la importancia concedida al conocimiento escrito.

Después de atender los salarios y las necesidades constructivas, Benedicto XIII ordenaba destinar recursos a adquirir libros para las diferentes disciplinas universitarias.

En las disposiciones aparecen autores y obras relacionadas con Derecho, Teología, Medicina y Filosofía, entre otras materias.

Incluso se contemplaba la existencia de un espacio destinado a conservar los libros y las pecias, así como la figura del estacionario, responsable de su custodia y circulación dentro del sistema universitario medieval.

En una época anterior a la imprenta, disponer de manuscritos suficientes era fundamental.

Un libro podía representar semanas o meses de trabajo. Copiarlo era costoso y acceder a determinados textos condicionaba directamente la calidad de la enseñanza.

La reforma de Benedicto XIII no se limitaba, por tanto, a crear cargos o establecer normas.

Buscaba dotar a Salamanca de infraestructuras, profesores, recursos económicos y conocimiento.

Las decisiones siguieron saliendo desde Peñíscola

La relación no terminó con las constituciones de 1411.

Durante los años siguientes continuaron expidiéndose desde Peñíscola documentos pontificios relacionados con Salamanca.

El manuscrito conservado por la propia universidad permite reconstruir una auténtica secuencia documental.

El 3 de julio de 1413, otra bula expedida desde Peñíscola reguló diversos aspectos de la vida universitaria, incluyendo cuestiones relacionadas con sustituciones de profesores y alquileres de viviendas.

Pero todavía quedaba por llegar una reforma especialmente importante.

1416: desde Peñíscola se reorganiza la enseñanza de Teología

El 16 de marzo de 1416, Benedicto XIII expidió desde Peñíscola una nueva bula destinada a organizar la Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca.

La disposición establecía cuatro cátedras de Teología.

Dos debían funcionar dentro de las propias escuelas universitarias y otras dos estarían vinculadas a los conventos salmantinos de dominicos y franciscanos. Además, se regulaban requisitos de estudios, procedimientos académicos y condiciones necesarias para obtener determinados grados.

No era una decisión menor.

La Teología constituía una de las disciplinas de mayor prestigio dentro del sistema universitario medieval.

El impulso dado por Benedicto XIII contribuyó a la revitalización de esta facultad y forma parte del proceso mediante el cual Salamanca fue construyendo la enorme influencia intelectual que alcanzaría posteriormente.

Otra bula de Peñíscola garantizó recursos económicos

Solo quince días después se produciría otra intervención.

El 31 de marzo de 1416, nuevamente desde Peñíscola, Benedicto XIII concedió a la Universidad de Salamanca rentas eclesiásticas procedentes de determinados lugares de su diócesis.

Con ello se proporcionaban recursos económicos necesarios para sostener la actividad académica.

La universidad medieval necesitaba financiación para pagar catedráticos, mantener sus instalaciones, adquirir manuscritos y cubrir los gastos derivados de su funcionamiento.

Esta sucesión de documentos demuestra que la relación del Papa Luna con Salamanca no consistió en una única bula aislada.

Fue una política mantenida durante años.

Las reformas del Papa Luna eran exigentes

No todas las decisiones de Benedicto XIII fueron recibidas con entusiasmo.

Sus constituciones establecían un régimen bastante estricto y algunas de sus disposiciones fueron consideradas excesivamente rigurosas por los propios universitarios.

Finalmente, en 1422, el papa Martín V promulgó unas nuevas constituciones para Salamanca que sustituyeron a las de Benedicto XIII.

Pero sustituirlas no significó borrar completamente su legado.

Las investigaciones realizadas sobre ambos textos muestran que existió una continuidad entre las disposiciones de Benedicto XIII y las posteriores de Martín V, aunque estas últimas suavizaron algunos aspectos especialmente rígidos.

Las normas del Papa Luna estuvieron formalmente vigentes durante unos once años.

Su influencia fue bastante más larga.

Pedro de Luna imaginó Salamanca como un gran centro europeo de conocimiento

Este puede ser uno de los aspectos más interesantes de toda la historia.

Los investigadores que han estudiado sus constituciones consideran que Pedro de Luna concibió Salamanca como un centro universitario comparable con otros grandes focos intelectuales europeos.

No se limitó a solucionar problemas administrativos.

Quería fortalecer las cátedras, establecer salarios, garantizar disciplina académica, disponer de edificios, reunir libros y organizar facultades capaces de formar nuevos maestros.

Un estudio dedicado específicamente a su relación con Salamanca llega a considerar que su actuación proporcionó una especie de nueva vida al Estudio salmantino, que atravesaba dificultades cuando Pedro de Luna comenzó a intervenir en él.

Esta faceta intelectual permite contemplar al personaje desde una perspectiva mucho más amplia que la exclusivamente relacionada con el Cisma de Occidente.

El jurista que llegó a ser Papa

La preocupación de Pedro de Luna por las universidades tampoco resulta extraña si observamos su trayectoria.

Antes de convertirse en una de las grandes figuras de la política religiosa europea, había recibido una sólida formación jurídica y desarrollado una carrera estrechamente vinculada al conocimiento del Derecho canónico.

Su forma de intervenir sobre Salamanca refleja precisamente esa mentalidad jurídica.

Las universidades medievales eran instituciones complejas: profesores, estudiantes, jurisdicciones eclesiásticas, privilegios reales, rentas, cátedras y sistemas propios de gobierno convivían dentro de ellas.

Pedro de Luna intentó ordenar esa complejidad mediante legislación.

Y una parte importante de aquella legislación fue redactada y expedida desde su corte de Peñíscola.

Salamanca sigue estudiando el legado de Benedicto XIII

La importancia de aquella relación no pertenece únicamente a la historiografía antigua.

En 2023, coincidiendo con la conmemoración del VI centenario de la muerte del Papa Luna, Ediciones Universidad de Salamanca publicó la obra «Benedicto XIII y la Universidad de Salamanca. Constituciones, documentos y relaciones».

El volumen reúne diferentes investigaciones dedicadas específicamente a estudiar el vínculo entre Pedro de Luna y la institución.

Entre ellas se analiza su papel como legislador, sus constituciones y su contribución al desarrollo del Estudio salmantino entre finales del siglo XIV y comienzos del XV.

Más de seis siglos después, por tanto, aquella relación continúa siendo objeto de investigación académica.

Peñíscola, mucho más que el último refugio del Papa Luna

Esta historia obliga también a reconsiderar el papel de Peñíscola durante los años de Benedicto XIII.

La ciudad suele aparecer descrita como el lugar al que el Papa Luna se retiró cuando su posición política comenzó a debilitarse.

Pero definirla únicamente como un refugio resulta insuficiente.

Desde 1411, Benedicto XIII estableció su sede pontificia en el castillo de Peñíscola y adaptó la antigua fortaleza templaria para convertirla en palacio pontificio.

Desde allí mantuvo una corte, recibió enviados, gestionó asuntos eclesiásticos y continuó expidiendo documentación.

Las bulas destinadas a Salamanca demuestran perfectamente esa actividad.

26 de julio de 1411: Peñíscola.

Constituciones para la Universidad de Salamanca.

3 de julio de 1413: Peñíscola.

Nuevas disposiciones sobre la vida universitaria.

16 de marzo de 1416: Peñíscola.

Organización de los estudios de Teología.

31 de marzo de 1416: Peñíscola.

Concesión de recursos económicos al Estudio salmantino.

Son cuatro fechas que muestran hasta qué punto las decisiones tomadas junto al Mediterráneo podían repercutir a cientos de kilómetros de distancia.

De Peñíscola a Salamanca: un legado de más de seis siglos

Actualmente resulta difícil imaginar dos paisajes más diferentes.

Por un lado, Peñíscola, levantada sobre una roca rodeada por el Mediterráneo y coronada por una fortaleza templaria convertida durante el siglo XV en sede pontificia.

Por otro, Salamanca, ciudad monumental del interior peninsular cuya universidad acabaría convirtiéndose en uno de los grandes centros culturales de Europa.

Pero a comienzos del siglo XV ambas estuvieron conectadas por una misma figura.

Pedro de Luna.

Su legado salmantino no puede reducirse a una anécdota. Desde Peñíscola promulgó constituciones, reguló profesores y estudiantes, impulsó infraestructuras académicas, favoreció la adquisición de libros, fortaleció la Teología y ayudó a dotar de estabilidad económica a la institución.

El Papa Luna no fundó la Universidad de Salamanca.

Pero fue uno de los personajes que contribuyeron a prepararla para la extraordinaria etapa de crecimiento y prestigio que alcanzaría durante los siglos posteriores.

Y una parte de aquellas decisiones nació dentro de los muros del Castillo de Peñíscola.

Por eso, cuando hoy se recorre la fortaleza del Papa Luna mirando hacia el Mediterráneo, merece la pena recordar que desde aquel lugar no solo se libraron algunas de las últimas batallas del Cisma de Occidente.

También se escribieron páginas de la historia universitaria española.

Y algunas de ellas viajaron directamente de Peñíscola a Salamanca.

Sábias que…

La saladilla de Irta, Limonium perplexum, es un endemismo valenciano exclusivo de la Sierra de Irta.

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