El rodaje de Calabuch utilizó calles, murallas, puerto y habitantes de Peñíscola para crear uno de los pueblos más recordados del cine español.
Un pueblo real convertido en escenario
En 1956, Luis García Berlanga rodó en Peñíscola Calabuch, la historia de un científico que abandona la carrera armamentística y encuentra refugio en un pequeño pueblo mediterráneo. La ciudad prestó a la ficción sus calles, murallas, puerto y paisaje humano.
El reparto reunió a Edmund Gwenn, Valentina Cortese, José Isbert, Juan Calvo y otros intérpretes destacados. La película combinó humor, costumbrismo y una mirada crítica sobre la guerra y el progreso.
Una memoria visual de Peñíscola
Más allá de su valor cinematográfico, Calabuch conserva imágenes de la ciudad antes de la expansión turística de las décadas posteriores. Las escenas permiten observar el puerto, el caserío y la vida cotidiana de mediados del siglo XX.
La película recibió premios nacionales e internacionales y consolidó la relación de Peñíscola con el cine. Hoy forma parte de las rutas audiovisuales locales y continúa atrayendo a espectadores interesados en reconocer sus localizaciones.
Qué queda hoy de esta historia
La película conserva una valiosa memoria visual de la Peñíscola anterior al gran desarrollo turístico y sigue siendo una referencia central de sus rutas cinematográficas.
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