Los restos arqueológicos localizados en Poaig y Els Barrancs permiten situar comunidades iberas en el entorno de Peñíscola antes de la consolidación del enclave marítimo antiguo.
Un territorio habitado antes de la ciudad fortificada
Los yacimientos de Poaig y Els Barrancs constituyen la principal referencia arqueológica para conocer la etapa ibera del término de Peñíscola. La documentación turística y patrimonial municipal relaciona estos asentamientos con los ilercavones, el pueblo ibero establecido en el norte de la actual provincia de Castellón y las tierras próximas al bajo Ebro.
Estos núcleos se desarrollaron en un paisaje conectado con la costa, los pasos naturales y las tierras de cultivo. Su situación favorecía el control del entorno y el contacto con navegantes que recorrían el Mediterráneo occidental.
Intercambios que dejaron huella
Durante los siglos VII y VI a. C., las comunidades iberas mantuvieron relaciones comerciales con mercaderes fenicios. Cerámicas, productos y técnicas circularon a través de estas rutas marítimas. La evidencia disponible permite hablar de intercambio y contacto cultural, pero no obliga a imaginar una gran ciudad en el peñón en una fecha tan temprana.
Poaig y Els Barrancs aportan así el capítulo más antiguo documentado del territorio: una Peñíscola anterior a los nombres clásicos, vinculada ya al mar y a las redes de intercambio.
Qué queda hoy de esta historia
La arqueología del término municipal recuerda que la historia local no empezó en el castillo: el territorio ya estaba habitado e integrado en redes mediterráneas muchos siglos antes.