La posición de Peñíscola volvió a demostrar su valor militar durante la Guerra de la Independencia. Las tropas napoleónicas ocuparon la plaza en 1812 y las fuerzas españolas la recuperaron en 1814 después de un intenso bombardeo.
Peñíscola durante la Guerra de la Independencia
A comienzos del siglo XIX, Peñíscola seguía siendo una plaza militar de enorme valor. Su peñón amurallado, unido a tierra por una estrecha franja, ofrecía una defensa natural reforzada durante siglos. En 1812, las tropas napoleónicas dirigidas por el general italiano Severoli cercaron la ciudad.
Los sitiadores consideraban muy difícil forzar su rendición y llegaron a comparar la plaza con un pequeño Gibraltar. Sin embargo, la actuación del gobernador interino Pedro García facilitó la entrada francesa. La población intentó reaccionar, pero el levantamiento fracasó y numerosos hombres de entre 16 y 50 años tuvieron que abandonar la ciudad y refugiarse en la Sierra de Irta, San Antonio y poblaciones próximas.
La recuperación de 1814
La ocupación francesa terminó en 1814. Las tropas españolas del general Elío sometieron la fortaleza a un nuevo asedio y a un bombardeo de extraordinaria intensidad. La documentación histórica municipal habla de más de 60.000 disparos de cañón durante las operaciones de recuperación.
El escritor Leandro Fernández de Moratín, que había buscado refugio en Peñíscola tras la caída de Valencia, fue testigo de aquellos acontecimientos. Su presencia conecta la historia militar de la ciudad con uno de los nombres destacados de la literatura española.
El final de la Peñíscola militar
Los asedios de 1812-1814 fueron uno de los últimos grandes episodios bélicos vividos por la fortaleza. La evolución de las armas redujo progresivamente su importancia estratégica y, en 1890, la plaza fue desmantelada y su armamento trasladado. Las murallas dejaron de ser una infraestructura militar activa para convertirse, con el tiempo, en patrimonio histórico y seña de identidad de Peñíscola.
Qué queda hoy de esta historia
Las murallas permiten comprender la dificultad de conquistar una plaza rodeada por el mar. Los daños y reformas posteriores forman parte de la última gran etapa militar de Peñíscola antes de su desmantelamiento como fortaleza en 1890.
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