A más de dos mil kilómetros de Escocia, entre los gruesos muros del castillo de Peñíscola y con el Mediterráneo a sus pies, se tomó en 1413 una decisión destinada a dejar huella durante siglos en la historia de la educación europea.
El protagonista fue Pedro Martínez de Luna, Benedicto XIII, el Papa Luna. Desde su corte pontificia de Peñíscola autorizó una serie de seis bulas papales que otorgaron pleno rango universitario a la naciente Universidad de St Andrews, actualmente la universidad más antigua de Escocia y la tercera más antigua del mundo angloparlante.
Más de seis siglos después, la propia Universidad de St Andrews continúa reconociendo aquella conexión con Peñíscola. No solo conserva uno de aquellos documentos medievales: la luna de Pedro de Luna sigue formando parte de su escudo institucional.
La historia une de una manera extraordinaria dos lugares aparentemente muy alejados: Peñíscola, sede pontificia de Benedicto XIII, y St Andrews, cuna de la enseñanza universitaria escocesa.
Antes de St Andrews, los estudiantes escoceses tenían que estudiar en el extranjero
Para comprender la intervención del Papa Luna hay que viajar hasta comienzos del siglo XV.
Escocia todavía no tenía universidad. Los jóvenes que querían acceder a estudios superiores debían desplazarse a centros europeos, especialmente a Oxford, Cambridge o París. Las guerras entre Escocia e Inglaterra y las tensiones provocadas por el Cisma de Occidente complicaron progresivamente estos desplazamientos.
La situación terminó impulsando la creación de un centro propio de enseñanza superior.
En mayo de 1410, un grupo de maestros, muchos de ellos formados en París, comenzó a impartir enseñanza avanzada en St Andrews. La localidad era una elección lógica: constituía uno de los principales centros religiosos de Escocia y contaba además con una importante tradición intelectual.
El proyecto fue consolidándose rápidamente.
El obispo de St Andrews, Henry Wardlaw, concedió a aquella comunidad académica una carta de incorporación y determinados privilegios. Sin embargo, existía un problema fundamental: aquello todavía no proporcionaba al centro el reconocimiento internacional propio de una universidad medieval.
Para conseguirlo era necesaria una autoridad superior.
Y esa autoridad estaba, en aquel momento para los escoceses, en Peñíscola.
La petición escocesa que llegó hasta el Papa Luna
Europa se encontraba inmersa en el Cisma de Occidente, uno de los periodos más complejos de la historia de la Iglesia.
Diferentes territorios europeos reconocían a distintas obediencias pontificias. Escocia permanecía vinculada a Benedicto XIII, mientras el Papa Luna defendía su legitimidad frente a sus adversarios.
La terminología histórica posterior suele clasificar a Benedicto XIII como antipapa de la obediencia de Aviñón, pero la situación contemporánea era bastante más compleja: para Escocia, Benedicto XIII era precisamente la autoridad pontificia reconocida. La propia Universidad de St Andrews explica esa relación de fidelidad escocesa al analizar sus orígenes.
El obispo Henry Wardlaw decidió recurrir a él para conseguir el reconocimiento definitivo de la nueva universidad.
También intervino Jacobo I de Escocia, que respaldó la solicitud a pesar de encontrarse entonces prisionero de los ingleses.
Para realizar aquella importante misión fue elegido Henry Ogilvie, sacerdote de la diócesis de St Andrews y maestro en Artes por la Universidad de París.
En 1413, Ogilvie fue encargado de presentar ante Benedicto XIII la solicitud formal para que el centro escocés recibiera el reconocimiento universitario. La propia Universidad de St Andrews documenta que la petición se realizó en nombre del rey Jacobo I.
El destino de aquella misión era la corte del Papa Luna.
Peñíscola.
28 de agosto de 1413: las seis bulas de Peñíscola
La fecha fundamental de esta historia es el 28 de agosto de 1413.
Ese día, Benedicto XIII expidió seis bulas papales que confirmaban los privilegios y concedían pleno estatus universitario a St Andrews.
Y hay un detalle particularmente importante para la historia de Peñíscola:
los documentos partieron de la fortaleza de Peñíscola.
La propia Universidad de St Andrews lo explica expresamente en su historia institucional: las bulas comenzaron desde la fortaleza española de Peñíscola un viaje de aproximadamente cinco meses por tierra y mar hasta llegar a Escocia.
El Papa Luna se había establecido en Peñíscola en 1411, convirtiendo el antiguo castillo templario en residencia y palacio pontificio. Desde allí continuó desarrollando su actividad política, religiosa e intelectual durante sus últimos años.
Por tanto, no estamos simplemente ante un documento firmado por una persona históricamente relacionada con Peñíscola.
La decisión se produjo durante la etapa pontificia del Papa Luna en Peñíscola y los documentos fundacionales salieron físicamente desde esta ciudad hacia Escocia.
¿Fue realmente el Papa Luna quien fundó la Universidad de St Andrews?
Aquí conviene hacer una precisión histórica.
Decir simplemente que «el Papa Luna fundó la Universidad de St Andrews» resulta atractivo, pero simplifica demasiado lo sucedido.
La enseñanza ya había comenzado en 1410. Henry Wardlaw había proporcionado posteriormente reconocimiento corporativo a maestros y estudiantes. Sin embargo, el rango universitario reconocido y la capacidad correspondiente a una universidad medieval requerían la autorización del Papa o del emperador.
Fue la intervención de Benedicto XIII la que proporcionó ese reconocimiento.
Por eso, una formulación históricamente más rigurosa sería:
El Papa Luna otorgó desde Peñíscola el pleno estatus universitario a St Andrews mediante las bulas de 1413.
La propia universidad utiliza precisamente ese planteamiento al explicar que el 28 de agosto de 1413 recibió su full University status gracias a las seis bulas expedidas por Benedicto XIII.
El papel del Papa Luna, por tanto, no fue simbólico.
Fue jurídicamente esencial para la consolidación de la primera universidad de Escocia.
Un viaje de cinco meses entre Peñíscola y Escocia
Después de ser expedidas, las bulas debían recorrer una enorme distancia hasta St Andrews.
La universidad identifica nuevamente a Henry Ogilvie como el hombre encargado de regresar desde Peñíscola con los documentos.
El viaje duró más de cinco meses.
Finalmente, las bulas llegaron a St Andrews el 3 de febrero de 1414.
La llegada se convirtió en todo un acontecimiento.
Hubo celebraciones, campanas, hogueras y actos de agradecimiento. La documentación de la universidad describe cómo la localidad recibió con entusiasmo los documentos que confirmaban definitivamente el estatus de su centro académico.
Es fácil imaginar la importancia de aquel momento.
Unos documentos redactados bajo la autoridad del Papa Luna en una fortaleza mediterránea habían atravesado Europa para convertirse en una de las piezas fundamentales de la historia universitaria de Escocia.
Una de las bulas del Papa Luna todavía se conserva
Han pasado más de 600 años, pero una parte material de aquella historia ha sobrevivido.
De las seis bulas originales expedidas por Benedicto XIII, la Universidad de St Andrews conserva todavía una de ellas. Además, el documento mantiene su bulla, el sello de plomo que servía para autentificar este tipo de documentos pontificios.
La propia universidad conserva asimismo el texto de las seis.
Entre ellas figuraban la bula que concedía el reconocimiento universitario y otra que confirmaba la carta previamente otorgada por el obispo Henry Wardlaw.
El documento superviviente constituye así un testimonio físico excepcional de la conexión medieval entre Peñíscola y St Andrews.
La luna del Papa Luna sigue en el escudo de St Andrews
Pero posiblemente uno de los detalles más sorprendentes de toda esta historia se encuentra a plena vista.
Más de seis siglos después, Pedro de Luna continúa representado en la heráldica oficial de la Universidad de St Andrews.
En su escudo aparece una media luna.
No es una decoración casual.
La propia Universidad de St Andrews explica oficialmente que esa luna representa a Peter de Luna —Pedro de Luna—, Benedicto XIII, como reconocimiento al pontífice que expidió las bulas fundacionales de 1413.
El escudo reúne los símbolos de las principales figuras relacionadas con su creación. Junto a la luna de Pedro de Luna aparecen referencias a Henry Wardlaw y al rey Jacobo I de Escocia, además de elementos vinculados al conocimiento y a Escocia.
La vinculación es todavía más antigua que el actual diseño del escudo.
La matriz del sello universitario utilizada entre aproximadamente 1414 y 1418 ya incorporaba las armas de Benedicto XIII junto a las de Jacobo I y Henry Wardlaw.
Es decir:
el Papa Luna no solo aparece en los documentos históricos de St Andrews. Su memoria forma parte de la identidad visual de la universidad.
St Andrews regresó a Peñíscola 600 años después
La Universidad de St Andrews demostró hasta qué punto reconoce esta conexión histórica durante las celebraciones de su 600 aniversario.
En agosto de 2013, miembros de la propia universidad viajaron hasta el Castillo de Peñíscola.
¿El objetivo?
Recrear el viaje realizado seis siglos antes por las bulas del Papa Luna.
El 9 de agosto de aquel año comenzó desde el castillo una ruta ciclista organizada por St Andrews para reconstruir simbólicamente el recorrido histórico entre Peñíscola y Escocia. La expedición se organizó en seis equipos y atravesó cuatro países. Los participantes transportaban una réplica del documento pontificio conservado por la universidad.
La entonces rectora y vicecanciller de St Andrews, Louise Richardson, participó además en la iniciativa.
La universidad explicaba entonces que aquel viaje de Henry Ogilvie desde Peñíscola había puesto en marcha seis siglos de enseñanza y exploración intelectual.
Pocas demostraciones pueden resultar más claras de la importancia que St Andrews concede todavía hoy a su vínculo con Peñíscola.
De una fortaleza mediterránea a la universidad más antigua de Escocia
Hoy St Andrews es una institución conocida internacionalmente.
Fundada a comienzos del siglo XV, se presenta oficialmente como la primera universidad de Escocia y la tercera universidad más antigua del mundo de habla inglesa.
Sus más de seis siglos de trayectoria académica comenzaron en un contexto completamente diferente al actual: guerras medievales, disputas religiosas, viajes que requerían meses y una Europa dividida por diferentes obediencias pontificias.
Y dentro de aquella historia aparece Peñíscola.
No como un escenario secundario.
En 1413, el castillo que domina actualmente la ciudad era una residencia pontificia. Desde allí ejercía su autoridad Benedicto XIII y desde allí partieron los documentos que otorgaron pleno rango universitario a St Andrews.
Peñíscola, una pequeña ciudad conectada con la historia universitaria de Europa
El episodio de St Andrews permite contemplar al Papa Luna desde una perspectiva diferente.
Benedicto XIII no fue solamente el pontífice que convirtió el castillo templario de Peñíscola en su residencia durante el Cisma de Occidente. Fue también un jurista y hombre profundamente vinculado al mundo académico y desde su corte de Peñíscola continuó ejerciendo una influencia que atravesaba las fronteras europeas. La propia Universidad de St Andrews lo recuerda como un erudito y destaca su disposición favorable a la creación del centro escocés.
El 28 de agosto de 1413, desde una fortaleza levantada sobre una pequeña península del Mediterráneo, se expidieron seis documentos destinados a recorrer Europa.
Cinco meses después llegaron a Escocia.
Más de seis siglos después, St Andrews continúa existiendo, continúa siendo la universidad más antigua del país y continúa llevando la luna de Pedro de Luna en su escudo.
Por eso, entre las muchas historias que esconden los muros del Castillo de Peñíscola, esta merece un lugar destacado:
una parte de los orígenes de la primera universidad de Escocia se escribió en Peñíscola.
Y todavía hoy, a miles de kilómetros del Mediterráneo, una pequeña luna en el escudo de St Andrews mantiene vivo el recuerdo del Papa Luna y de aquella conexión nacida en 1413.