La Sierra de Irta es conocida por sus calas, sus senderos y un paisaje mediterráneo en el que la montaña se encuentra con el mar. Sin embargo, entre los barrancos, las laderas y los afloramientos de roca caliza también se conserva una historia menos visible: la de quienes aprovecharon durante siglos los recursos del monte para trabajar, cuidar el ganado y sostener la vida cotidiana. Una parte de esa memoria se esconde en unos surcos tallados sobre la piedra que, a primera vista, pueden parecer simples dibujos. Su estudio ha permitido relacionarlos con la elaboración tradicional del aceite de enebro en la Sierra de Irta, un producto que tuvo importancia en la medicina rural y, especialmente, en las prácticas veterinarias de los pastores.
Lo interesante de este descubrimiento no es únicamente que existieran pequeños hornos para obtener aceite de enebro, sino la forma en que la arqueología ha conseguido reconocerlos. Durante años, algunas de estas marcas fueron descritas como grabados con forma de hoja y llegaron a recibir interpretaciones simbólicas o prehistóricas. La investigación de sus características, su relación con el terreno y las señales que dejaron las altas temperaturas ha permitido proponer una explicación vinculada a un oficio histórico. Así, la Sierra de Irta suma a su patrimonio natural y paisajístico otro testimonio del trabajo de las generaciones que la habitaron y recorrieron mucho antes de que se convirtiera en uno de los espacios naturales más apreciados del litoral castellonense.
Un estudio arqueológico que cambió la forma de interpretar las marcas de la roca
La investigación que sirve de base a esta historia fue publicada en 2021 por Paula Paredes Ruano, Gustau Aguilella Arzo y José Luís Esteller Albert en la revista Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló, editada por la Diputación de Castellón. Bajo el título «Inventario y estudio de los hornos rupestres de aceite de enebro en el entorno de la Sierra de Irta (Castellón)», los autores reunieron y estudiaron once conjuntos de grabados rupestres localizados sobre plataformas de piedra caliza. Los trabajos de prospección y documentación, realizados entre octubre de 2020 y junio de 2021, abarcaron los términos municipales de Peñíscola, Santa Magdalena de Polpís y Alcalà de Xivert. Conviene subrayar este último dato: el número de once corresponde al conjunto del territorio investigado y no exclusivamente a los hallazgos situados en Peñíscola.
El punto de partida era una pregunta arqueológica de gran interés: ¿qué función tuvieron unas marcas que recuerdan al contorno y las nervaduras de una hoja? La semejanza visual había favorecido la denominación de petroglifos hojiformes, pero esa etiqueta describe la forma y no explica por sí sola el uso de la estructura. Los investigadores compararon los distintos ejemplares, estudiaron las características de los canalillos y atendieron a las huellas conservadas en las superficies rocosas. Su conclusión para los once casos examinados es que se trata de bases de hornos empleados en la destilación de aceite de enebro. La interpretación los sitúa dentro del patrimonio etnográfico y de las antiguas actividades artesanales de la sierra, sin que ello signifique que cualquier grabado semejante encontrado en otros lugares tenga necesariamente el mismo origen o función.
¿Cómo eran los antiguos hornos rupestres de aceite de enebro?
Los restos documentados no son hornos completos que todavía conserven sus paredes, cubiertas y todos sus elementos originales. En muchos casos, lo que ha llegado hasta nuestros días es la base trabajada directamente sobre un afloramiento de roca, generalmente una superficie algo inclinada en la que se tallaron surcos convergentes. Varias líneas desembocan en un canal principal y, con frecuencia, en una pequeña cazoleta o en un punto preparado para recoger el líquido. Cuando se observan en conjunto, estas incisiones recuerdan la silueta de una hoja con sus nervaduras. Pero, desde una lectura funcional, también forman un sistema de conducción y recogida que ayuda a comprender cómo pudo utilizarse aquella superficie dentro del proceso artesanal.
La investigación describe, además, detalles que van más allá del dibujo grabado. En diferentes conjuntos se observaron alteraciones en la piedra compatibles con la acción del fuego, así como señales de desgaste y modificaciones de algunos surcos. Son indicios importantes porque permiten pensar en instalaciones sometidas al calor y posiblemente reutilizadas, en lugar de simples representaciones realizadas sobre la roca. Los autores también documentaron evidencias relacionadas con materiales de cubierta en determinados emplazamientos. Como sucede con numerosos restos de antiguos oficios rurales, el paso del tiempo ha eliminado las partes más frágiles y ha conservado sobre todo aquello que estaba incorporado al propio terreno. Por eso, interpretar estas estructuras exige unir distintas pistas arqueológicas, sin imaginar que todos los hornos tuvieron exactamente el mismo aspecto o que conocemos cada detalle de su funcionamiento.
Qué es el aceite de enebro y para qué se utilizaba
El producto al que se refiere el estudio es el aceite de enebro o miera, un líquido oscuro y denso que se obtenía tradicionalmente mediante la destilación seca de partes leñosas del Juniperus oxycedrus, una especie de enebro presente en la vegetación mediterránea de Irta. No debe confundirse con el aceite esencial aromático que puede producirse a partir de las bayas de otras especies de enebro, ni con el aceite de oliva elaborado en las almazaras. En este caso se trataba de aprovechar la madera y las raíces de un arbusto del monte mediante una técnica específica asociada al calentamiento y la recogida del producto resultante. Esta diferencia ayuda a entender por qué los restos arqueológicos se relacionan con hornos de destilación y no con instalaciones destinadas al prensado de frutos.
La miera fue apreciada históricamente en ámbitos ganaderos y en la medicina popular rural. Los trabajos etnográficos citados por los investigadores la vinculan especialmente con el cuidado tradicional de los animales, en un contexto en el que los pastores dependían de los recursos cercanos para atender numerosas necesidades de sus rebaños. Su producción formaba parte del conocimiento práctico del territorio: saber qué plantas crecían en cada zona, cómo aprovecharlas y qué instalaciones eran necesarias para transformarlas. Estas referencias describen usos históricos y no deben entenderse como una recomendación para emplear hoy el producto con fines sanitarios o veterinarios. Su verdadero valor en este artículo es explicar la relación entre los conocimientos artesanales y las huellas materiales que todavía pueden estudiarse en la Sierra de Irta.
Los hallazgos de Peñíscola: del Barranco del Volante al Despoblado de Irta
Peñíscola ocupa un lugar propio dentro de este inventario arqueológico. El estudio recoge dos conjuntos situados en su término municipal: el del Barranco del Volante y el del Despoblado de Irta. Ambos forman parte de una investigación más amplia que incluye otros enclaves de Santa Magdalena de Polpís y Alcalà de Xivert, como el Monte Lo Cervo, el Sotarro, el Corral del Pincho, el Barranco de la Font de la Parra y la Mola. Esta distribución muestra que la actividad no se limitaba a un único punto del macizo. Los lugares estudiados se encuentran asociados a un territorio de lomas, barrancos, pastos y antiguos recorridos rurales que conectaban distintas zonas de aprovechamiento del monte.
El conjunto del Despoblado de Irta resulta especialmente significativo para conocer esta faceta del patrimonio de Peñíscola. Su identificación, recogida entre los antecedentes de la investigación, contribuyó a ampliar el catálogo de grabados conocidos antes de la campaña sistemática de 2020 y 2021. El Barranco del Volante, por su parte, recuerda que estos testimonios pueden conservarse en entornos muy diferentes, no solo sobre las cimas. La presencia de restos en ambos enclaves ayuda a situar el trabajo de destilación dentro de la vida cotidiana de una sierra utilizada durante generaciones. Eso sí, los restos no permiten fechar de forma individual y exacta cada instalación: el estudio sitúa los antecedentes de la actividad artesanal, al menos, entre los siglos XVII y XVIII, y documenta su continuidad hasta la primera mitad del siglo XX, pero no atribuye automáticamente esa cronología precisa a cada grabado.
Una Sierra de Irta que también fue tierra de pastores, leñadores y agricultores
Hoy resulta fácil asociar la Sierra de Irta con las excursiones, las calas y la contemplación de la naturaleza. Durante buena parte de su historia, sin embargo, fue también un territorio de trabajo. El geógrafo Joan F. Mateu, en su descripción de los usos históricos de la Serra d’Irta, recuerda su papel como espacio de invernada de ganados trashumantes, zona de aprovisionamiento de leña, recogida de plantas útiles, carboneo y aprovechamientos agrícolas. A ello se sumaban la actividad de algunas masías y los recursos de la franja costera. En un paisaje de suelos difíciles, afloramientos calizos y pendientes pronunciadas, cada aprovechamiento tenía una lógica ligada a las condiciones del lugar. Los hornos rupestres de enebro encajan en esa historia porque muestran cómo la propia roca podía convertirse en parte de una herramienta de trabajo.
También los bancales y los márgenes de piedra seca que aparecen en distintos puntos de la sierra son consecuencia de una transformación humana prolongada. Según la síntesis histórica de Mateu, la expansión agraria se intensificó entre los siglos XVIII y XIX, cuando se acondicionaron laderas para plantar cultivos de secano. Una parte de aquellas superficies quedó abandonada con el paso de las décadas, mientras el monte recuperaba terreno y cambiaban las actividades económicas de la zona. Por eso, el visitante actual contempla un paisaje que combina vegetación mediterránea, formaciones geológicas, construcciones antiguas y pequeñas huellas que pueden pasar inadvertidas. Para ampliar esta mirada sobre los oficios tradicionales, también pueden consultarse las rutas del patrimonio de piedra en seco de Peñíscola, que acercan al público otra parte de esa memoria rural.
Por qué estos grabados no deben interpretarse únicamente por su forma
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la importancia que concede al método de investigación. La apariencia de una marca sobre la piedra puede sugerir distintas interpretaciones, pero ninguna debe darse por demostrada solo por su parecido con una figura conocida. En el caso de Irta, la denominación de hojiforme describe un diseño que recuerda a una hoja, mientras que la propuesta sobre los hornos se apoya en un conjunto más amplio de indicios: disposición de los surcos, puntos de recogida, alteraciones térmicas, materiales asociados y paralelos etnográficos. La diferencia es fundamental, porque permite pasar de una descripción visual a una hipótesis funcional contrastada mediante el trabajo arqueológico.
Esto no significa que todas las marcas rupestres de la provincia de Castellón deban considerarse restos de hornos ni que desaparezcan otras interpretaciones para conjuntos diferentes. Cada yacimiento necesita su propio estudio, atendiendo al contexto, los materiales y el estado de conservación. Precisamente por eso, las investigaciones como la realizada en la Sierra de Irta aportan tanto valor: amplían lo que sabemos sobre la historia del territorio y, al mismo tiempo, muestran que la arqueología puede revisar explicaciones anteriores cuando aparecen nuevas evidencias. En ocasiones, una pequeña superficie trabajada en la roca es suficiente para abrir una ventana a una actividad que apenas dejó otros testimonios visibles.
Cómo descubrir y proteger este patrimonio de la Sierra de Irta
Conocer la historia de los hornos de enebro es una razón más para recorrer la sierra con curiosidad y respeto. No obstante, la existencia de estos restos no convierte cualquier afloramiento con surcos en un yacimiento identificado, ni aconseja buscarlos fuera de los itinerarios habituales sin información especializada. La erosión, las intervenciones sobre la superficie y la retirada de materiales pueden hacer desaparecer detalles esenciales para futuras investigaciones. Si durante una excursión se observan marcas que parecen antiguas, lo adecuado es no rasparlas, limpiarlas, remarcar sus líneas ni mover piedras. Documentar una observación desde una posición segura y comunicarla a los organismos competentes resulta mucho más útil que intentar descubrir por cuenta propia cómo se hizo o para qué servía.
Quien quiera conocer el paisaje en el que se desarrollaron estas actividades puede comenzar por la ficha del Parque Natural de la Sierra de Irta en InfoPeniscola.com, donde encontrará información general sobre el entorno. El monte permite comprender cómo convivían los caminos tradicionales, la ganadería, la agricultura y el aprovechamiento de plantas como el enebro. Su valor no reside únicamente en las vistas al Mediterráneo: también está en los testimonios discretos de las personas que conocieron y trabajaron estos lugares. Descubrirlos con respeto ayuda a que las futuras generaciones puedan seguir estudiándolos.
Preguntas frecuentes sobre el aceite de enebro en la Sierra de Irta
¿Los once hornos estudiados se encuentran en Peñíscola?
No. La investigación publicada en 2021 documentó once conjuntos repartidos por la Sierra de Irta y su entorno, dentro de los términos municipales de Peñíscola, Santa Magdalena de Polpís y Alcalà de Xivert. En Peñíscola se incluyen los enclaves del Barranco del Volante y del Despoblado de Irta. Por tanto, atribuir los once hallazgos exclusivamente al municipio de Peñíscola sería incorrecto.
¿Los grabados con forma de hoja son de época prehistórica?
No puede determinarse una cronología únicamente por la apariencia de un grabado. En los conjuntos que analizaron Paredes, Aguilella y Esteller, la combinación de evidencias llevó a interpretarlos como bases de hornos utilizados en una actividad artesanal de época histórica. Esta conclusión se refiere a los lugares concretos estudiados y no a todos los petroglifos de aspecto semejante.
¿Es el mismo aceite de enebro que se vende como aceite esencial?
No necesariamente. La miera tradicional descrita en el estudio se obtenía mediante destilación seca de partes leñosas del Juniperus oxycedrus, mientras que otros productos comercializados como aceites esenciales de enebro pueden proceder de bayas y de procesos diferentes. Compartir un nombre popular no significa que tengan la misma composición, propiedades o aplicaciones.
Un oficio casi olvidado que permanece escrito en la piedra
La Sierra de Irta guarda historias que no siempre aparecen en las fotografías de sus paisajes más conocidos. La elaboración de aceite de enebro es una de ellas: un oficio relacionado con el mundo ganadero y con el conocimiento de las plantas del monte, del que han sobrevivido unas marcas discretas sobre la roca. La investigación arqueológica ha permitido reconocer el sentido de esos testimonios y situarlos dentro de un territorio profundamente vinculado al trabajo humano. Conocer esta historia es otra manera de acercarse a Peñíscola, mirar la sierra con mayor atención y comprender que proteger su patrimonio también significa conservar las huellas de quienes vivieron de sus recursos.